miércoles, 4 de julio de 2012

'On The Run' Montevideo 2012: Asi lo vivimos

Buenos Aires, 04 de julio (Calico Skies Blog).-

EMOCIONES DEL OTRO LADO DEL RIO

Por Julio Martínez y Celeste del Bianco


A principios de este año, cuando nos debatíamos si realmente nos gustaban las versiones del jazzero 'Kisses On The Bottom', oímos que Paul McCartney tenía intenciones de retornar a Sudamerica. Las opciones de que regresara a Buenos Aires estaban de vuelta y por supuesto, nos ganó el entusiasmo. Pero cuando se citó a Montevideo, nos sorprendimos.
Luego, con Buenos Aires descartado, la capital cordobesa se mostró interesada. Sin embargo, la puja entre Córdoba y Montevideo, quedó para los uruguayos y para algunos de nosotros fue una buena opción.
Lo era porque unos pocos, como yo (Julio Martínez), no conocía Montevideo y otros, como Celeste, que se autoproclaman como 'argento-uruguaya', habían tenido la fortuna de pisarlo. Con este panorama, el viaje adquiríó un valor doble: afectivo y turistico.
El primer paso fue comprar las entradas. Cuestión no menor, claro. Lo menciono porque fue un verdadero caos. Ahora lo resumimos, pero fue una historia larga, teniendo en cuenta que la página de McCartney dio a conocer la venta previa, donde caímos nosotros, y luego surgieron problemas porque hubo una reubicación de los tickets.
El sábado 14 de abril, por la mañana, nos embarcamos en el Buquebus, rumbo a Colonia, la primera parada. Se trataba de un precioso día de sol en Buenos Aires, de esos que te invitan a cantar 'Good Day Sunshine'.
Cuando conseguimos el primer destino, una combi nos alcanzó hasta Montevideo, la ciudad que tanto anhelaba conocer. El cielo cambió de color, cubierto de nubes grises, pero la emoción no decayó.
Apenas bajamos del bus, nos enfocamos en el siguiente paso: retirar las entradas. Y lo hicímos con cierto temor, porque días antes, un mail de Crowdsurge (la empresa que expendió los boletos vía página web) aclaraba que debía retirarla el titular de la tarjeta de crédito. Ups. Al no ser el dueño de la misma tuve que pedírsela presetada a mi padre, pagar con ella y la última alternativa, luego de varios llamados y averiguaciones, era portar el documento junto a una autorización. Esta última cuestión fue como asegurarse que nuestra versión era real.
El estadio Centenario estaba "custodiado". Centenares de policias uruguayos hicieron guardia, no permitiendo el ingreso de la gente. El tema era que debíamos pasar, porque ibamos a retirar nuestro tickets ¿dónde hacerlo sino? "Tenemos la orden de no dejar pasar a nadie", me dijo un 'poli' mientras agitaba el cigarrillo, a punto de terminar, en su mano derecha. "Pero tengo pasar, sino ¿cómo retiro la entrada?", le contesté. El policía dudó y dijo: "Bueno, pasá". Al fin de cuentas, se hizo el misterioso, pero no era 'la gran cosa'.
Una vez que llegamos a la boletería, vimos el mal humor de algunas personas, por lo que nuestra excitación mutó a un momento de incertidumbre: ¿estarán nuestras entradas? Además, no fallamos en nuestra intuición, había descontento porque muchos fueron a buscar sus tickets y daba la impresión de que se habían 'evaporado'. Algunos llevaban semanas tratando de obtenerlos y otros, los titulares, acompañaron a aquellos que no tenian tarjeta de crédito y habían pagado de esa manera.






Afortunadamente, después de esperar unos minutos, nuestro turno llegó, presenté la tarjeta de mi viejo como si fuese la mía (ni se fijaron) y nos dieron las entradas que estaban en dos sobres. Cuando los recibí, sentí alivio y ya podíamos disfrutar de la previa del show. Del Centenario nos fuimos a la casa de la abuela de una amiga nuestra, Fabiana, que gentilmente nos hospedó en nuestra corta estadía en Uruguay.
El domingo era el día del show y aprovechamos la salida del sol para emprender viaje por la mañana y recorrer la ciudad. Si bien Celeste ya conocía algo, para mí todo era nuevo. Y así recorrimos una feria donde vendían antigüedades, luego el puerto (donde conocí el bar 'Los Beatles') y también la zona del centro de Montevideo. Las horas se fueron sucediendo y a eso de las seis de la tarde nos encaminamos al estadio una vez más.
Al llegar, era impresionante la cantidad de personas que estaban haciendo fila para ingresar. Como también lo eran los vendedores que promocionaban remeras, banderas, posters, vinchas, calcomanías, revistas y un montón de cosas más con la imagen de Paul.
Cuando logramos ingresar al Centenario, intentamos, en varias oportunidades, buscar nuestra ubicación en las gradas. Fue un momento, creo que fueron entre 5 y 10 minutos, que nos tuvieron de aquí para allá. Al parecer, teniamos reservados lugares que no existian. Sin embargo, la calma volvió cuando nos permitieron entrar en una de las puertas donde ya habíamos frecuentado. Creo que nos hicieron el 'cacheo' como tres o cuatro veces, contando las veces que creimos estar en el sector correcto.
Al llegar, inspeccioné el estadio, ese que solía ver por televisión cuando se jugaban los partidos de Uruguay o de los equipos argentinos en Copa Libertadores. Me agradó. A Celeste también, quien sacó varias fotos, mientras el sol se despedía.
A falta de una hora y media, aproximadamente, surgió en el escenario la figura de un cantante uruguayo, quien hizo las veces de 'telonero', interpretando músical instrumental. Creo que mencionó el hecho de que no podía cantar, pero alguna estrofa pudo entonar, aunque por juzgar su talento, hubiese sido provechoso para él ejecutar los instrumentos solamente.
Después de eso llegaron las canciones que suelen escucharse antes de un recital de McCartney: algunas del disco 'Twin Freaks' y el resto covers de distintos artistas con temas de Los Beatles.
Había mucha expectativa en el público, se palpaba. La mayoría no veía la hora de que comenzase el concierto: querían saber si era verdad que Paul McCartney iba a cantar allí, en el escenario montado en la tribuna Amsterdam.
La noche era perfecta, un cielo con estrellas y una luna llena también esperaban a McCartney. Hasta que se escuchó: 'And in the end, the love you take is equal to the love you make...'. Era la hora señalada. Las luces se apagaron, el estadio se cubrió de flashes fotográficos y apareció él, con su traje y el tradicional bajo Hofner. Como sucedió en aquella noche en Santiago de Chile, McCartney abrió con 'Hello Goodbye'.
A todo esto, la gente parecía impactada. No caía. Ahí estaba Paul. Ahí estaba uno de Los Beatles. En él cabían muchos recuerdos y expresiones que los uruguayos nunca hubiesen soñado revivir. Estaban quietos, pero expectantes. Sorprendidos, pero admirados. Luego llegó 'Junior's Farm' de los Wings y finalizado éste tema, Paul habló. Y allí, los orientales se soltaron. McCartney sabe manejar multitudes y lo demostró una vez más, ese domingo. Bastara con que dijese algunas palabras para 'despertar' a los miles que fueron a verlo, para que el sueño se transformara en realidad y para pasarla bien en algo más de dos horas y 45 minutos.
Con 'All My Loving' se emocionó más de uno y ya con el transcurso del show, se notó que el público la estaba pasando muy bien y McCartney también. Creo que quedó sorprendido por la respuesta y por la característica de los uruguayos: no tan pasionales como nosotros, pero educados y atentos a cada una de sus canciones.


El mágico concierto de Paul contó con el estreno en pantallas del videoclip de 'My Valentine' de 'Kisses On The Bottom'. McCartney lo hizo saber a la gente e hizo sentir a los 'charruas' especiales. Ahí estaban en blanco y negro Johnny Deep y Natalie Portman, mientras Paul cantaba frente al piano la canción. En vivo se la escucha aún mejor.
Una de las grandes emociones se produjeron con 'Something' y la muestra de fotografías con George. Muchas de ellas nunca habían sido vistas antes, lo cual nos produjo otro impacto y lo bueno de saber que no siempre se ve lo mismo en un show de McCartney.
El turno del baile se logró con 'Ob La Di - Ob La Da' y la canción 'Let It Be' ofreció uno de los picos máximos de emotividad: el público cantando e iluminando con sus celulares o encededores el estadio. Maravilloso.
Por supuesto, 'Live And Let Die' le dio más colorido a la noche y los bises, con 'Day Tripper' y 'Get Back' como los 'más festejados', le dieron más rock and roll a la noche uruguaya.
En 'Lady Madonna' se mostraron fotografías con las mujeres más importantes de todos los tiempos entre las que figuraban Eva Perón, Frida Kahlo, Lady Di, entre otras.
Con 'Yesterday', Paul tuvo en un puño a la multitud. Era la muestra cabal del artista más importante del planeta: él solito, con su guitarra acústica, llamando la atención de 50.000 personas, dejándolos atónitos, emotivos y atrapados.
Para el final, 'Golden Slumbers'/'Carry That Weight'/'The End' aflojaron más lágrimas y sonrisas. El show había terminado. "See you next time!", exclamó Paul y volaron miles de papelitos. El Centenario se iluminó, la gente comenzó a emprender el camino a casa y a despertarse de ese sueño, que significó ver a Paul McCartney en Montevideo, Uruguay.
Nosotros, nos fuimos a dormir, contentos y felices. Al otro día, nos dimos una vuelta por el hotel donde estaba Paul y ya que estábamos lo despedimos. Estuvimos cerca de la leyenda una vez más. Saludó a todos, se metió en el auto, junto a Nancy y voló rumbo a Asunción, Paraguay.
Fue otra experiencia, maravillosa, junto a Sir Paul. Esta vez, del otro lado del río.




Paul McCartney - 'Hello Goodbye' - Estadio Centenario de Montevideo, Uruguay
15 de abril de 2012







2 comentarios:

  1. Preciosa crónica Julito, la verdad que es bueno sentir no solamente que se estuvo presente sino también el hecho de palpar la emoción que vos y Celeste tenían con el concierto y con la búsqueda de los tickets también...Ahora, lo que me llama un poco la atención es que digas que Celeste se sienta "argento-uruguaya". Me imagino que la habrás molestado hasta el hartazgo diciendole: "Vamo arriba la celeste". Saludos a ambos. El blog es preciosísimo.

    ResponderEliminar
  2. Julián, gracias por el mensaje! Celeste ama Uruguay. Por los carnavales, la gente y los mates. Fue la excusa perfecta para que me acompañara. La pasamos muy bien.
    Gran abrazo !

    ResponderEliminar